Diferentes familias de aleaciones presentan desafíos únicos en WAAM debido a su comportamiento térmico, reactividad y características microestructurales. Las aleaciones de titanio como Ti-6Al-4V ofrecen una excelente relación resistencia-peso pero son altamente reactivas con el oxígeno y la humedad. Sin un control atmosférico estricto, la contaminación puede provocar fragilización y una mala unión entre capas. Por lo tanto, los niveles de oxígeno deben mantenerse por debajo de umbrales críticos, y el flujo de gas de protección debe ser uniforme durante la deposición.
Las aleaciones a base de níquel como Inconel 718 y Hastelloy C-276 son propensas a altos esfuerzos residuales debido a su baja conductividad térmica y fuerte comportamiento de endurecimiento por deformación. Esto aumenta el riesgo de deformación y microfisuración. La temperatura de deposición controlada, el enfriamiento intermitente y los métodos de alivio de esfuerzos posteriores al proceso, como HIP o tratamiento térmico, son esenciales para estabilizar la microestructura.
Las aleaciones Nimonic, utilizadas en álabes de turbina y aplicaciones de alta temperatura, requieren un control preciso de la fase de precipitación γ′. Su respuesta a los ciclos térmicos rápidos durante WAAM puede resultar en un crecimiento de grano desigual o segregación. El uso de una atmósfera completamente monitorizada y la integración de pruebas y análisis de materiales garantiza la consistencia de la aleación, particularmente cuando se busca resistencia a la fluencia y la fatiga.
Además, la rigidez de las aleaciones Nimonic aumenta las fuerzas de corte durante el acabado. Por lo tanto, deben utilizarse estrategias híbridas que combinen WAAM con mecanizado CNC de superaleaciones para lograr la precisión dimensional final.